En un reciente viaje tuve la oportunidad de caminar por un bosque y pasar al lado de un río. El río comenzaba en las montañas y poco a poco iba bajando hasta el valle. En un punto de su trayectoria el agua parecía muy calmada avanzaba lento y se veía cristalina, en la superficie parecía quieta. Metros más adelante el agua caía en una pequeña cascada a través de unas piedras ahí con mucha fuerza, casi con violencia. Para luego volver a estar calmada sin peligro alguno. 

Me sorprendió los cambios de intensidad del agua. Así es como he visto el camino de muchos emprendedores, un balance entre tranquilidad y paz para luego pasar a una intensidad que los ayuda a llegar a su destino. Así como el agua de este río el viaje del emprendimiento es bastante largo empieza con gotas de inspiración de varios lados para luego ir juntando toda esa inspiración en un solo rio de fuerza.

En este viaje hay que tener un balance entre tranquilidad e intensidad. Un poco de tranquilidad para no cansarse y aprender del camino. Un tanto más de intensidad porque sólo así si llega a las grandes metas. Así como el agua lo más importante es la constancia. El agua avanza lento pero poco a poco va moldeando ríos y montañas. Así el emprendimiento hay que tener mucha constancia y aunque haya días donde no se logre un avance visible todos los días avanzar un poco a lo largo del camino será un avance muy bueno.

En este bosque aunque los guardabosques quieren conservarlos lo más natural posible ellos no dejen que el agua se estanque. Así es lo que ha recomendado a muchos emprendedores, más vale avanzar lento que no avanzar. Si el agua se estanca se echa a perder; así tenemos que avanzar constantemente, aprender, intentar y volverlo a intentar.

Avanza constantemente, a veces con calma y a veces con intensidad. Avanza como agua de río.

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